viernes, 5 de marzo de 2010

Tiempos tormentosos

Un rayo de luz ingresa lentamente. Abre sus ojos con desdén, el sueño aún está presente en él. El niño se levanta de su cama tibia, con ganas de empezar un nuevo día, ir a clases y luego disfrutar de una tarde con amigos.
De pronto alguien se acerca a su cuarto, él espera que sea su mamá viniendo a despertarlo (algo tarde) y desearle un buen día, sin embargo esa silueta que le costaba distinguir por la claridad se apoya contra la puerta, una sonrisa se dibuja en su rostro por verlo ya levantado, no resulta ser su madre, sino su niñera. Se saludan y le pregunta como se ha levantado, el le responde que bien (cierta decepción se siente en su voz).
Hora de desayunar, se sienta entusiasta a la mesa con gran variedad de alimentos para su deleite. Impaciente, tiene la esperanza de que sus padres aún no se hayan ido y lo saluden, finalmente no sucede, se han ido como de costumbre antes de las 8 am. Termina la primera comida del día casi sin haber probado bocado alguno y se dirige hacia el jardín. Encuentra en sus mascotas cierta tranquilidad, entre juegos infantiles les pide que nunca lo dejen, les ruega que siempre estén a su lado para tener alguien con quien conversar cuando crezca. Lo único que recibe de una de sus perras es una lamida en la mano.
La hora pasa rápidamente. Por la casa se perciben aromas de carne con algún condimento fuerte, la hora del almuerzo se aproxima. El reloj marca las 12 del mediodía, la comida está en la mesa y solo una silla está ocupada. Su niñera se acerca y le pregunta si algo anda mal con la comida, a lo cual recibe una respuesta negativa. El niño come, pero su mirada está perdida, profundamente perdida en sueños e ilusiones mezcladas con ansias de crecer y salir de ese lugar llamado hogar.
Se ha hecho algo tarde, al jardín debe ir. Pasan las horas, ve a niños jugando tan felices que los envidia, no comprende el porqué de la felicidad de aquellos jugando a la escondida. Lo invitan a jugar, pero rechaza cordialmente la invitación, en lugar de eso decide leer un cuento de la librería del jardín, como lo hace casi todas las tardes. Lo único en su mente es que el reloj marque las 5 de la tarde para poder irse. Cuando finalmente es tiempo de marcharse, no duda un segundo en recoger su mochila.
Ante sus ojos se alzan las paredes de su enorme casa, casa en la que tranquilamente entran todos los huéspedes cuando algún festejo se realiza en ella. Sube a su habitación y se quita el guardapolvos, mira por la ventana y el sol comienza a despedirse, las ilusiones vuelven a él. La niñera lo ayuda con sus tareas, nada complicado en realidad. Cuando terminan, la mujer que se encarga de las comida le anuncia que la cena estará pronto. Se sienta, solo nuevamente, y come mirando algún animé en la tv. De pronto siente ruidos, si si, son sus 2 ilusiones que han llegado, también conocidos como papá y mamá. entran, dejan sus cosas del trabajo, lo saludan y se sientan a la mesa. Cuando la conversación comienza, no entiende nada, solo surgen temas laborales sobre contabilidad y medicina, intenta meter palabra alguna sobre su día, pero solo recibe una contestación cortante, "Cuando los adultos conversan, los niños se callan". Se siente triste y termine su cena lo más rápido posible, impotente por no poder contarle a sus padres sobre su día. Se retira de la mesa y sube a su habitación, ya es tarde.
Los minutos pasan y sus ojos comienzan a cerrarse, cuando escucha el sonido placentero que ama. Si, su mamá comienza a tocar el piano como suele hacerlo en algunas noches. Se sienta sobre su cama entusiasmado por la hermosa melodía que llega a sus oídos, cuando de un minuto para el otro esa melodía se convierte en una discusión entre sus padres, discusión que crece cada vez más. Temeroso se acuesta, cierra sus ojos profundamente, deseando que todo termine, que se callen, que se vayan, que el día termine de una vez por todas para que uno nuevo comience.

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