Escrito el 5 de enero del año 2010
La noche cae, sin ningún apuro, sabiendo que consigo se lleva la agonía del día. Agonía que poco a poco desaparece, dando un poco de alivio a las miseras existencias, cuyas alas están rotas de dolor. El tumulto disminuye, momento ideal para escuchar a la mente y al corazón. Un último pájaro vuela en el cielo, sabiendo que es hora de marcharse, a un destino que solo él conoce. ¿Sería tan fácil todo si conociéramos nuestro destino? ¿Valdría la pena saber que sufriremos?. ¿O es mejor así? Escribir nuestro destino con las acciones diarias que realizamos es un acto noble, podemos cambiarlo, transformarlo y adaptarlo. Mirándolo de ese modo, somos pequeños puntos en el universo, pero con la posibilidad de establecer mas puntos en común con nosotros y así lograr trazar una linea de cualquier forma, línea que no es nada mas ni nada menos que nuestra propia vida.
Miro el reloj por quinta vez en la última media hora, la hora sigue avanzando, y sin embargo me siento estancado en este momento, sin posibilidad de salir o avanzar. Cada vez que creo mejorar, pensamientos confusos me invaden, y así pasan mis días. No lo demuestro, pero dentro mío corren ríos plagados con tristeza, desilusión y cansancio, los cuales se calman con el alba.
Solo un minuto de melancolía basta para hacerme perder horas de mi vida. No se que es importante, me fío de pilares que se desmoronan con sismos en lo profundo de mi ser. Regreso en un instante a mi presente, confuso y perdido, tantas cosas me esperan pero al mismo tiempo lo que mas anhelo se aleja cual lluvia de verano en marzo.
Resbalo lentamente en las miradas de la gente. Me desconozco por instantes y luego vuelvo a centrarme en mi mismo, dejando de lado las posibilidades de sufrir, pero no es algo permanente (lamentablemente). Y pienso que todo terminará pronto. Siento las miradas de todos sobre mi, cuestionandome y preocupandose, y es ahi cuando dotes actorales que desconocía surgen y juego mi mejor escena, disimulando y pareciendo un espejo de la felicidad que no tengo.
Camino indiferente por los senderos de mi mente, la cual, plagada de voces, me desvía una y otra vez de mi rumbo. Siento el tiempo que se escapa entre mis manos, las reglas me atan como cuerdas que mantienen prisionero a mi ser. No buscarte más sería lo ideal, pero vuelvo a doblar en la esquina equivocada. Culpa de un momento que nunca olvidaré. Es momento de renacer.
Mi mirada soñadora y diferente, ¿dónde está?. Aquellos ríos mencionados arriba, se pierden en mi nuevamente, agua que lleva todo de mi.
El sueño se apodera de mi, dormir sería lo ideal después del día de hoy, en el cual se mezclaron tantas emociones y sentimientos que por momentos me pareció estar soñando. Sumergirme en un sueño profundo deseo, donde pueda encontrar paz lejos de la vida del mundo. Vida individualista que de nada nos sirve, solo para tratar de obtener un beneficio absurdo, poniendo en práctica de la mejor manera los postulados de Maquiavelo.
En algunas oportunidades debemos conformarnos con la segunda mejor opción, y como dijo alguien "somos como flores de loto que solamente pueden crecer en el agua sucia, la cual representa todo los obstáculos y todo lo negativo de nuestras vidas, pero aprendiendo de ello, superándolo y adaptandonos, logramos convertirnos en hermosas expresiones de experiencia".
Hoy el dolor ha disminuido, en parte gracias a los buenos momentos que pasé. Sin embargo no puedo evitar tener la necesidad de seguir sincerándome conmigo mismo, y sé que estas pequeñas notas son una manera de hacerlo. No tengo en claro las cosas aún, pero voy encontrando mi camino nuevamente. Mi alma necesita respirar aire puro, del cual ya no consigo en esta etapa de mi vida. Solamente quiere salir volando en libertad sin mirar atrás.
viernes, 5 de marzo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario