sábado, 27 de febrero de 2010

Tristeza, ése es mi nombre.

Muchos dicen por ahí que nací cuando la nieve aún estaba presente en aquellos días fríos de invierno, mis padres murieron antes de poder conocerlos, no tuve la oportunidad de tener un nombre, los demás solo me conocían por apodos, la soledad se hizo mi andar, la desgracia mi mejor aliada y compañera, el infortunio mi pesar y las emociones algo inentendible que solo me generan confusión. El amor es solo una ilusión, no existe. Por su lado, la vida es frágil, nefasta, cruel y nos provoca desdicha e infelicidad.

Una vida sin nombre ni apellido, sin propósito, sin existencia, vivir por vivir. Vagando por el mundo como un fantasma, un ser oscuro con un alma atormentada sin conseguir descanso alguno. Pensar en la muerte da consuelo y cierto alivio pero huye de mi cada vez que la llamo, "¿dónde estás y porque me abandonás? ". En varias oportunidades mi sangre es tirada al piso y se convierte en cristales, mis lagrimas en diamantes y el dolor en algo que no tiene nombre y no se puede describir con palabras, es un vacío que me invade y me consume lentamente sin darme respiro.

-Pobre, tu que no tienes nombre y vida eres algo nuevo para este mundo- Fueron las palabras pronunciadas por un anciano de cabellos blancos, su mirada me recorría de arriba hacia abajo. En su mirada noté cierta intriga y curiosidad, su tono de voz irradiaba seguridad y sabiduría. Una leve sonrisa que nunca logré interpretar se plasmó en su rostro- De ahora en adelante te llamaras Tristeza y tendrás un propósito en la vida, depende de ti descubrirlo.


De éste modo fue como de la desgracia de estar vivo (sin un motivo aparente) y sin nombre ni apellido nació alguien llamado Tristeza.

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