Escrita originalmente el 22 de diciembre del año 2009 (retocada el 25 de febrero del año 2010).La noche me susurra al oído, siento caer sobre mi el peso del día que lentamente desaparece. Vuelvo a sentir en mi el vacío típico que me acompaña día tras día, hora tras hora. Se ha convertido en una parte de mi que ya no puedo dejar atrás, lo he intentando pero no lo he conseguido. Supongo que en cierto punto debe gustarme estar acompañado por el, aunque es algo que no voy a admitir en estos momentos.
Todos desean ser felices en la vida, yo simplemente deseo sentirme menos triste, menos infeliz, menos miserable. Sin embargo ya me he acostumbrado con el tiempo a todo lo anterior, forman parte de mi personalidad tan compleja.
Es irónico como deseo cambiar y al mismo tiempo odiaría hacerlo. No quiero convertirme en alguien especial, simplemente quiero ser yo, alguien común, me niego a seguir corrientes impuestas por los demás a las cuales no les veo sentido alguno. Esquelético, con vestimenta de moda, escuchando la misma música que todos, usando los mismos términos, yendo a los mismos lugares, consumiendo lo mismo en todos los aspectos posibles. No gracias, prefiero pasar por rebelde, por idiota, por desapercibido antes que convertirme en eso. No me importa lo que opinen de mi, no me importa escuchar una y otra vez los mismos comentarios refiriendose a mis gustos, mi forma de ser, lo que consumo, etc.
Vivimos en un mundo tan brillante, el cual les enseña a todos los jóvenes a ganar tanto dinero como es posible, pisando a cuantas personas les sea posible para obtener un beneficio propio. ¿En algún momento nos daremos cuenta de lo que estamos creando?. La religión actual es gastarlo todo, incluso lo que no poseemos, efectivo, tarjetas de crédito, joyas, todo es válido. Siempre quieren más, más de lo que nunca han tenido. Ver dinero los hace sonreir, cantar, saltar, festejar. ¡Qué gran felicidad les produce tenerlo!, viven como reyes rodeados de diamantes, pero han perdido su verdadera corona, el amor hacia si mismos. Creen tenerlo todo y en realidad no tienen absolutamente nada, sus existencias son totalmente miserables, carentes de sentido alguno. Muestran una falsa sonrisa plástica pero por dentro los carcome la avaricia, el odio hacia si mismos, la tristeza, la soledad. Creen disfrutar de ver como los demas sufren, pero en realidad ven reflejados en ese sufrimiento ajeno el propio. Eso suponiendo que aún les queda algo llamado corazón, aunque seguramente muchos no han dudado de convertirlo en algo que tenga un valor monetario y apostarlo en esta ruleta denominada capitalismo.
Repulsión es lo único que me producen esas personas. ¿Odio?, firmemente respondo que no, odiar es darle importancia a algo que no la merece y ellos se adaptan perfectamente a esta respuesta. Seres vacíos, carentes de almas, caminando por la vida con un solo sentido, tener más y más. Me niego a convertirme en alguien así en mi futuro, no quiero cambiar, quiero seguir así. Mis miedos, mi soledad, mi tristeza, mi punto de vista, mis convicciones, mi forma de expresarme, mis gustos dudo que me dejen en paz pero si convivir con ellos significa no convertirme en alguien aún más vacío, en alguien plástico, en un ser carente de significado, prefiero quedarme como estoy hoy en día.

ay cirito, es muy cierto, nada nuevo en verdad epro muy cierto y q bueno que lo recalcas, yo tambien tengo deseos de cambiar, casualmente hoy pensaba en mi familia y mis amigos, sobre todo en la forma que se consumen en trabajo y aveces yo tambien, me gustaria q hubiera un poco mas, o un mucho mas de tiempo entre todos para compartirlo, siento que necesito muchod e eso, el materialismo aveces arruina muchas cosas, detesto la tremenda necesidad que hay por el dienro estas epocas y lo dificil que es conseguirlo, gracias a todo lo q trabaja al gente no he podido ver tanto a mis seres queridos como quisiera
ResponderEliminar